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Historias de súper héroes y algo más

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Si estas familiarizado con las historias de los súper héroes y has analizado un poco un factor común que tienen los protagonistas de estas historias, posiblemente has notado que prácticamente todos son hombres y mujeres bien comunes y llenos de defectos. Generalmente en estas historias cuando la gente trata de averiguar la posible identidad de estos súper héroes nunca les pasa por la mente que el súper héroe es este típico joven débil, sin ninguna característica llamativa, y que los hacen parecer un tonto sin mucho que aportar a la sociedad.

Te doy de ejemplo a Spiderman, un adolescente estudioso, huérfano que vive con sus tíos ya de edad avanzada, que no tiene muchos amigos y que es víctima de bullying. Este joven pasaba por desapercibido ante todos y ni tan siquiera el mismo creía que tenía mucho valor. Hasta que un día es mordido por una pequeña araña utilizada para un experimento de laboratorio y que esta le pasa unos “Súper poderes” que cambian la vida de este chico y aunque su identidad permanece desconocida, se convierte en todo un súper héroe.

Es obvio que las historias de estos súper héroes que vemos en el cine son ficticias, pero ¿Que tienen en común los súper héroes con algunos hombre escogidos por Dios para cumplir una misión? Ninguno cumplía con los requisitos para llevarla a cabo, al menos no ante los ojos de los demás.

Un gran ejemplo de esto es David, quien luego se convirtiera en el rey del pueblo de Dios. Este jovencito era el pastor del rebaño de las ovejas de su padre, se encargaba de alimentarlo, darles agua y cuidarlas de los peligros de un animal salvaje o de algún ser humano inescrupuloso que quisiera robarlas y básicamente, en eso giraba toda su vida.

Un día es enviado por su padre a llevar unos quesos y pan a sus hermanos que están en el desierto en una batalla ya que formaban parte del ejército del rey Saúl, cuando de repente escucha a este hombre gigante del ejército contrario insultando al pueblo de Dios, algo que para nuestro amigo David era inaceptable.

1 Samuel 17:32-33: No te preocupes por este filisteo le dijo David a Saúl. ¡Yo iré a pelear contra él! ¡No seas ridículo! respondió Saúl. ¡No hay forma de que tú puedas pelear contra ese filisteo y ganarle! Eres tan solo un muchacho, y él ha sido un hombre de guerra desde su juventud.

Probablemente al igual que David en algún momento alguien te ha tratado de detener de hacer algo, de pelear una batalla que sabes que Dios te ha colocado ahí para eso. Quizás leyendo esto comienzan a llegar los recuerdos de las palabras que te dijeron, las razones por las que no podías o no valía la pena el intento.

Eso mismo le sucedió a David, ni tan siquiera sus propios hermanos creían en el ni en su capacidad, pero eso nunca detuvo a David porque él sabía que esa batalla no dependía de Él, sino del Dios a quien él estaba defendiendo su nombre, esa no era la batalla de David, era la batalla de Dios.

1 Samuel 17:48-50: Cuando Goliat se acercó para atacarlo, David fue corriendo para enfrentarse con él. Metió la mano en su bolsa de pastor, sacó una piedra, la lanzó con su honda y golpeó al filisteo en la frente. La piedra se le incrustó allí y Goliat se tambaleó y cayó de cara al suelo. Así David triunfó sobre el filisteo con solo una honda y una piedra, porque no tenía espada.

Contra todo pronóstico David venció al gigante que todos temían y creían invencible. La próxima vez que tengas delante un obstáculo, un gigante que derrotar y llegan los pensamientos de que no tienes lo que se necesita para derrotarlo, y llegan las personas que quieren decirte que es ridículo el que creas que puedes salir victorioso, recuerda que tu batalla no depende de ti, sino del Dios todopoderoso que está contigo. Me despido con el siguiente pensamiento.

Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que te dirá que no lo hagas, cuando vean que no te pueden detener, te dirán cómo lo tienes que hacer, y cuando finalmente vean que lo has logrado, dirán que siempre creyeron en ti. “John Maxwell”

Ayuda en la debilidad

ayuda en la debilidad

Admitir que tenemos áreas débiles no es tarea fácil. Es algo de lo que no nos sentimos nada orgullosos. ¿Para que hablar de mis debilidades si tengo tantas áreas fuertes?

A todos nos gusta sentir que estamos en control en las diferentes áreas de nuestras vidas, ya sea de un problema, una situación, una enfermedad, económicamente o en algo que nos proponemos hacer.

Pero si somos sinceros, tenemos que admitir que no tenemos control de todo lo que nos rodea. Hay situaciones que simplemente se nos van de las manos y no poseemos ningún control sobre ellas.  Obviamente esto nos causa coraje y una sensación de impotencia. ¿Que hacer?

Nosotros no somos los únicos que enfrentamos situaciones como estas. El apóstol Pablo atravesó también por una situación bastante difícil, el la describió como un aguijón, era algo que constantemente le incomodaba y no lo dejaba vivir en completa paz. Pero Pablo supo reconocer que en medio de esa situación había algo bueno.

2 Corintios 12:9: Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad. Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí.

El sabía que si esa situación no estuviera presente y todo le fuera bien, probablemente se llenaría de orgullo.  Además si todo le fuera bien y tuviera todo bajo control, ¿Para que necesitaría de Jesús? Pablo era un hombre con una tremenda educación, había estudiado en las mejores escuelas y los mejores maestros, hablaba más de un idioma, poseía más de una ciudadanía lo cual le otorgaba muchos privilegios y los cuales utilizó en varias ocasiones para salvar su vida.

En una ocasión fue llevado al mismo cielo y vió cosas tan maravillosas que no tenía ni palabras para describirlas. Definitivamente poseía méritos para gloriarse en ellos. Pero Pablo supo reconocer que en medio de sus debilidades, en medio de las situaciones fuera de su control era que el Señor Jesús se podía manifestar y demostrar su poder en la vida de Pablo.

Saben, nosotros no somos muy diferentes a Pablo, así que la próxima vez que enfrentes una situación difícil, algo que esta fuera de tu control, en vez de enojarte, en vez de frustarte, levanta tu mirada al cielo y reconoce delante del Señor  “Señor esta situación esta fuera de mi control, no hay nada que yo en mis propias fuerzas o habilidades pueda hacer para remediarla, pero la entrego en tus manos y se que ciertamente tu tienes el poder para trabajar a favor de mi”.

Siempre recuerda que en los momentos que te sientas débil, si pones toda tu confianza en el Señor es cuando realmente más fuerte eres.

(Todos los derechos de autor pertenecen a José Rene Berrios)

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