De alabado a crucificado

No sé si te has percatado que la manera en que una persona o grupo piensa puede cambiar de la noche a la mañana. Hoy puedes apoyar una persona y expresar tu admiración o fidelidad a ella y mañana puedes ser su peor crítico.

Pero eso no solo sucede hoy día, le sucedió a nuestro señor Jesucristo hace más de dos mil años atrás

Juan 12:13: tomaron ramas de palmera y salieron al camino para recibirlo. Gritaban:¡Alabado sea Dios!¡Bendiciones al que viene en el nombre del Señor!¡Viva el Rey de Israel!

 Este evento que leímos en el capítulo 12 de Juan, sucedió tan solo unos días antes de Cristo ser condenado a ser crucificado. ¿Lo más irónico? La mayoría de los que recibieron a Jesús con palmeras y lo alabaron unos días antes, estuvieron ahí gritando ¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo!

Juan 19:14: Ya era el día de preparación para la Pascua, cerca del mediodía. Y Pilato dijo al pueblo: « ¡Miren, aquí tienen a su rey!».« ¡Llévatelo! ¡Llévatelo! gritaban. ¡Crucifícalo!».¿Cómo dicen?, ¿qué yo crucifique a su rey? preguntó Pilato. No tenemos otro rey más que el César.

¿Qué sucedió? ¿Qué pudo haber cambiado el pensamiento de toda esta gente en tan solo una semana? Lamentablemente a veces así es el pensamiento humano.

Se dicen cosas sin sentirlo, se expresa apoyo sin realmente sentirlo, se expresa fidelidad sin cumplirla. Muchas veces eso lo vivimos en nuestro entorno familiar, otras veces lo vemos en el ambiente de trabajo y otras en la iglesia.

Vemos familiar destruirse de repente y nos preguntamos ¿Qué paso? Has trabajado muy fuerte, has dado el todo por el todo en tu empleo y todo aparenta ir de maravilla y de repente recibes tu carta de despido.

Eres Pastor o líder en tu iglesia y estas dando el todo por el todo, trabajando fuerte para hacer lo que Dios te ha mostrado debes hacer. De repente lo único que oyes son críticas y bochinches y personas abandonándote y no sabes por qué.

Todos los escenarios que presente son dolorosos, causan molestias y te hace preguntarte ¿Qué hice mal?

Pero cuando comparamos eso con lo que le sucedió a Cristo nos damos cuenta que si se lo hicieron a Jesús, nosotros no estamos exentos. Imagino la tristeza y el dolor de Jesús al ver que los mismos que lo alabaron hacia unos días, hoy clamaban por que fuera asesinado de la manera más cruel posible.

Lo que Cristo vivió en esos días es algo difícil de describirlo en palabras, pero su manera de afrontar las cosas es un ejemplo para ti y para mí hoy día. Cristo aun escogió morir por los pecados y la salvación de toda la humanidad, incluyendo esos que clamaron por su muerte.

Esto es el mejor ejemplo para ti y para mí de que primero, no siempre vivamos para ganarnos el apoyo de la gente, porque hoy pueden estar gritando “Alabado sea el señor” y mañana pueden estar gritando “Crucifíquenlo”.

Siempre procuremos hacer lo que sabemos que Dios quiere que hagamos, no lo que la gente pretende que hagamos. Segundo, no importa lo que nos hayan hecho, nuestro deber como cristianos, como humanos, es perdonar. Cristo lo hizo y nos pide que lo hagamos, seamos obedientes.

¿Es fácil perdonar? No, pero con Cristo todo lo podemos porque él nos fortalece. Aprovechemos esta semana “santa” para reflexionar en el sacrificio de Cristo en la cruz por ti y por mí y sobre todo, decide vivir solo para Él.

 

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