No bajes los brazos

Ninguna institución puede prevalecer si no hay unidad. Si analizamos las empresas más exitosas, podemos notar que uno de los comunes denominadores es una misma visión y un equipo que trabaja por un mismo propósito

Pues ese mismo principio es verdad para la iglesia cristiana. Donde no hay unión, hay desunión, donde no hay una misma visión hay división. El Apóstol Pablo dijo lo siguiente a la iglesia de Corinto…

Amados hermanos, les ruego por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo que vivan en armonía los unos con los otros. Que no haya divisiones en la iglesia. Por el contrario, sean todos de un mismo parecer, unidos en pensamiento y propósito (1 Corintios 1:10)

Hay momentos en que como seres humanos, como líderes, como pastores, como padres y esposos que somos nos sentiremos cansados en medio de las diferentes batallas que enfrentamos cada día, es ahí cuando entran en escena nuestros amigos y hermanos en la Fe para ayudarnos.

Algo parecido vivió Moisés cuando el pueblo de Dios tuvo que salir a pelear con los amalecitas, un pueblo que quería destruir los israelitas.

 Josué hizo lo que Moisés le ordenó, y salió a pelear contra los amalecitas. Mientras tanto, Moisés, Aarón y Hur subieron a lo alto del monte. 

Cuando Moisés levantaba su brazo, los israelitas dominaban en la batalla; pero cuando lo bajaba, dominaban los amalecitas. Pero como a Moisés se le cansaban los brazos, tomaron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentara en ella. Luego Aarón y Hur le sostuvieron los brazos, uno de un lado y el otro del otro.

De esta manera los brazos de Moisés se mantuvieron firmes hasta que el sol se puso, y Josué derrotó al ejército amalecita a filo de espada. (Éxodo 17:8-13)

La estrategia de batalla era Josué salía al campo de batalla y Moisés al tope de la montaña orando con sus manos levantadas a Dios por una victoria. Pero luego de varias horas a Moisés se le cansaron sus brazos y tuvo que bajarlos.

En el momento que Moisés tenía que bajar sus brazos, los amalecitas dominaban la batalla. Aparentemente esta escena se repitió varias veces hasta que ya Moisés no podía levantar sus brazos.

Fue en ese momento en que Hur y Aaron tomaron una piedra, sentaron a Moisés y ellos sostuvieron sus manos hasta que Dios les dio la victoria.

Sabes, habrán momentos en que tú también estés librando una dura batalla, esta batalla puede ser emocional, física o espiritual. Probablemente has gastado ya todas tus fuerzas y has tenido que bajar temporeramente tus brazos.

Pero es en esos momentos que como el ejército de Dios, nuestros hermanos en la Fe entran en escena a levantar nuestros brazos. Si eres padre o madre, esposo o esposa, líder en una empresa, líder o pastor, este principio te aplica. Procuremos ante todo la unidad no la división.

Esa unión, ese trabajar como un solo equipo enfocados en el plan de Dios es el que nos garantizara la victoria.

 

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