ID = Mi identidad en Dios

Todos nos hemos preguntado en algún momento ¿Quién soy? ¿Para qué estoy en este mundo? ¿En que soy bueno/buena? ¿A qué grupo pertenezco? Todos buscamos una identidad…

Se puede decir que la identidad de alguien es la suma de como una persona se ve a sí misma. Esa percepción incluye el carácter de la persona, sus valores, como es emocionalmente, su apariencia, sus fortalezas y debilidades, su vida espiritual, sus amistades, entre otras cosas.

Nuestra identidad comienza a formarse desde que somos bebes. Y eso lo he podido ver en mi hija Ariany. Todavía nos falta mucho por conocer de ella, pero en este mes y pico que tiene, he podido notar muchas características que serán parte de su identidad.

Recuerdo mis años de escuela superior, solo bastaba dar una mirada a diferentes puntos del área escolar para poder notar que existían múltiples grupos, todo con una identidad distinta. Los Rockeros, los estudiosos, los deportistas, los que quieren estar al último grito de la moda, etc.

Probablemente tu formaste parte en algún momento de uno de estos grupos y hoy te ríes y te preguntas ¿En que estabas pensando?

Pero nada de estas cosas que he mencionado ni ninguna persona deben ser quienes formen nuestra identidad. Quien único puede revelarnos nuestra verdadera identidad es aquel quien nos creó, Dios.

Por años hemos estado buscando nuestra identidad en las cosas equivocadas, un status social, un auto, una posición en el empleo o la fama entre otras cosas. Todas esas cosas son pasajeras, hoy están y mañana tal vez no.

  • Pablo nos dice en su carta a los Efesios 2:10: Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. 

    Una obra maestra es la máxima creación de un artista, y eso precisamente es lo que Dios nos dice que somos, su obra maestra. Y no solo es, sino que también nos dio el privilegio de ser llamados sus hijos.

  • 1 Juan 3:1: Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! 

    ¡Qué privilegio el poder ser llamados hijos de Dios! Y como hijos tenemos muchos derechos que otros no tienen. Así que cuando el enemigo quiera venir a atacar tu autoestima, cuando trate de hacerte creer que Dios se olvidó de ti, recuérdale que no solo eres la obra maestra de Dios, sino que eres su hijo/hija.

Cada vez que nos surja la dudad de quienes somos o para que existimos, podemos ir con toda confianza delante de Dios, porque él nos regaló ese privilegio cuando nos hizo sus hijos. ¡Dios te bendiga!

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