El día que cambio mi vida

El 12 de Diciembre del 2013 será un día que jamás olvidare, ese día recibí un regalo de Dios que cambio mi vida. En ese día Dios me regalo una de las bendiciones más grandes que un hombre pueda recibir, en ese día me convertí en papa por primera vez. Siempre soñé ser padre y en mi mente veía ese momento, pero lo que viví ese día es una sensación difícil de explicar.

Ver el milagro de la vida hacerse realidad frente a mis ojos me hace maravillarme aún más de cuán grande y perfecto es Dios. Cuando por fin pude tenerla entre mis brazos quería decir tantas cosas, pero no habían palabras suficientes para agradecer a Dios por ese regalo.

Siempre he sabido que ser padre es una gran responsabilidad, pero ahora que soy padre puedo entender cuán grande responsabilidad es. Mi niña apenas lleva 5 días en este mundo, pero el amor que siento por ella es uno que no tiene comparación. El ser papa ha traído la convicción  de que necesito ser un mejor hombre, un mejor esposo y un mejor papa.

El tiempo en esta tierra es uno pasajero, por más años que vivamos, el tiempo es limitado y pasa muy rápido. Ser papa me ha hecho entender que hay cosas que en un momento sentimos tenia importancia pero ya pasaron a un segundo y tercer plano.

A veces como seres humanos nos preocupamos por tener una imagen, una posición, un título, por ser reconocidos o alcanzar un estatus económico, pero estos son cosas pasajeras y sin importancia.

En cuestión de días mi manera de ver y vivir la vida ha cambiado, hoy mi más grande anhelo es ser el mejor esposo y mejor padre del mundo, este es mi primer y más grande ministerio. Mi legado más importante es inculcar a mi hija el amor a Dios y el deseo de vivir una vida dedicada solo a Él.

¿Cuál es la mejor manera de hacerlo? Con mi ejemplo, pudiera decirle muchas cosas, pero sera vivir lo que predique verdaderamente hará un impacto en su vida. Tal y como Dios le pidió a Moisés que le instruyera lo siguiente a su pueblo.

Deuteronomio 6:4-7: ¡Escucha, Israel! El Señor es nuestro Dios, solamente el Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Debes comprometerte con todo tu ser a cumplir cada uno de estos mandatos que hoy te entrego. Repíteselos a tus hijos una y otra vez. Habla de ellos en tus conversaciones cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 

Hoy una vez más doy gracias a Dios por permitirme el privilegio de ser padre y le pido que me acompañe a través de esta emocionante aventura.

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