Consolados para consolar

Recuerdo hace 15 años atrás el día que mi madre fue a morar con el señor. Había estado batallando con la enfermedad del cáncer por mas de 5 años. Recuerdo como batallo como una guerrera con su Fe aferrada a que Dios podía hacer el milagro de sanarla.

Yo de mi parte había alimentado mi Fe de su Fe. La había visto vencer tantas dificultades con la ayuda de Dios que nunca dude que ella quedaría sana y que viviría muchos años, pero lamentablemente no fue así.

Me sentí destruido, no podía creer que la persona que mas amaba en este mundo ya no estaría físicamente conmigo y aunque sabía que la vería algún día en el cielo, me dolía que ya no la tendría conmigo todos los días. ¿Que propósito podía tener todos esto? En mi mente de 21 años no podía encontrar ningún propósito valido.

Sabía que Dios me amaba y que como único podría continuar mi vida seria con su ayuda. Unos pocos meses después de la muerte de mi madre, falleció el papa del que hasta el sol de hoy ha sido mi mejor amigo, y más que amigo, mi hermano.

En medio de ese momento difícil para el, pude sentir la voz del Espíritu Santo decirme ” Tu amigo necesita de ti, ya tu pasaste por esta experiencia dolorosa, ahora ve y dale tu testimonio y se de consuelo en estos momentos”. Con mucho miedo obedecí y pude llevar palabras de aliento y fortaleza cuando el mas lo necesitaba, luego de ahí fue que nuestra amistad se torno mas solida que nunca.

No te digo que Dios te está enviando situaciones dolorosas a propósito para que tu dolor sea consuelo a otros, sino que mientras vivamos en la tierra todos tendremos situaciones difíciles, pero eres tu quien determina que hacer a base de esa experiencia.

Tu puedes enojarte con Dios y pensar que no se interesa por ti y no te ama, o puedes decidir levantarte con nuevas fuerzas y ser de bendición a aquellos que en un futuro pasen por la misma situación que tu.

2 Corintios 1:4: Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros.

Tu puede ser de consuelo a aquellas personas que Dios ponga cerca de ti y que estén pasando por dificultades  similares, ¿Quien mejor que tu para entender cómo se sienten?. Ya que pasamos por esa situación, podemos no solo dar consuelo, sino una palabra de esperanza de que aunque hoy todo se ve gris, mañana volverá a salir el sol para nosotros.

Ninguna situación por la que estés pasando será en vano, sino que Dios te usara como canal de bendición si así tu se lo permites.

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