Palabras de aliénto

Recuerdo perfectamente hace algunos años atrás en una reunión en la iglesia mi pastora me hizo una pregunta a la cual yo conteste un poco desalentado y sin mucha fe. Su respuesta fue clara, me dijo “¿José René no te has dado cuenta que tú mismo te saboteas? Su contestación me dejo en un total silencio, pero me hizo abrir mis ojos y no pude hacer otra cosa que asentir con mi cabeza, ella tenía toda la razón. Sus palabras no eran de molestia, al contrario, sus palabras reflejaron su amor por mi y su verdadero deseo de verme vencer mis obstáculos.

Todos en algún momento necesitamos esas palabras de aliento, todos necesitamos palabras de fortaleza que nos ayuden a echar hacia adelante, que nos ayuden a reenfocarnos. A veces cuando estamos pasando por una situación difícil no podemos ver que hay mas allá de eso, nuestra visión se nubla totalmente aunque quizás tengamos la solución a la mano, simplemente no la podemos ver.

Y es en eso momentos que necesitamos de ese amigo o amiga, ese familiar, ese líder de la iglesia que llegue a nosotros para darnos el apoyo que necesitamos. 1 Tesalonicenses 5:11: Así que aliéntense y edifíquense unos a otros, tal como ya lo hacen.

¡Qué bueno sería si todos nos propusiéramos el alentarnos los unos a los otros! Si eso ocurriera, ¿No piensas que diferentes pudieran ser muchas cosas? Pero tristemente se nos hace mas fácil el unirnos en el desanimo y las tristezas de los demás que proponernos a erradicarlos. Yo sigo pensando que con nuestras palabras podemos lograr muchas cosas. Nuestras palabras tienen poder ya sea para edificar como para destruir.

Las heridas más fuertes que se le pueden causar a otro ser humano muchas veces provienen de palabras y no de golpes, pero a la misma vez una palabra adecuada en el momento indicado puede cambiar para bien el destino de una vida, de una familia y quién sabe si de una nación entera.

Mi propuesta hoy es que cada uno de nosotros cada vez que veamos a alguien triste, a alguien desalentado, preocupado, etc, tomemos al menos unos minutos y le podamos dar unas palabras que le levanten el ánimo, una palabra de fortaleza, una palabra de fe, y si te fuera posible, dale un abrazo y déjale saber que cuentan contigo, tu apoyo puede ser vital para cambiar una vida y en algún momento también lo vas a necesitar.

Gálatas 6:2-3: Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. Si te crees demasiado importante para ayudar a alguien, sólo te engañas a ti mismo. No eres tan importante.

( Los derechos de autor pertenecen a José Rene Berrios e Inside Focus)

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