En una cueva con tu enemigo

¿Alguna vez alguien te hizo daño y no te puedes quitar eso de la mente? El deseo de venganza, te controla, y estás loco o loca de que llegue ese día. Todo ser humano en algún momento de su vida, ha sido herido ya sea física o emocionalmente, es un proceso de la vida que aunque queramos no lo podemos evitar. Ese tipo de heridas son difíciles de sanar, nos preguntamos ¿Por qué a mí si yo no le hago daño a nadie?

Esas heridas te han marcado tan profundamente que a veces no puedes ni dormir, y aunque no querías que fuera así, has tenido que recurrir a pastillas, medicamentos o inclusive el alcohol para tratar de dormir, o al menos olvidar temporalmente.  De repente, la vida te ofrece la oportunidad de vengarte, ¿Qué harías? ¿Tomarías la justicia en tus manos?

Aunque no podemos impedir que otra persona haya decidido herirnos, si esta bajo nuestro control la manera en que respondemos a esas heridas. En la Biblia vemos el caso de David. Cuando fue ungido para ser el futuro rey de Israel, Saúl se enfureció, porque sabía que si David se convertía en rey, eso significaría que el estaría fuera del trono y de todos los beneficios que esto le brindaba.

Saúl había convertido en su misión personal el eliminar a David. En 1 Samuel 24, vemos que Saúl seleccionó a 3 mil soldados y salió en busca de David. Los buscó por todos lados, pero no lo había encontrado, en cierto momento decidió entrar a una cueva para ir al baño, pero lo que Saúl no se imaginaba es que dentro de esa cueva, estaba escondido David con los hombres que lo acompañaban. Los amigos de David le dijeron ¡Ahora es tu oportunidad! —los hombres le susurraron a David, hasta le dijeron que Dios lo había puesto en su mano. ¿Que debía hacer David? ¿Aprovechar el momento de la venganza?

David decidió perdonar la vida de Saúl, solo corto un pedazo de su manto, como evidencia que pudo matarlo, mas decidió no hacerlo. ¿Hubieras hecho lo mismo que David? Saúl sorprendido cuando David terminó de hablar, Saúl le respondió: ¿Realmente eres tú, David, hijo mío? Enseguida comenzó a llorar y le dijo a David: Eres mejor persona que yo, porque has devuelto bien por mal. 

Tomemos el ejemplo de David, quizás se te presente la oportunidad de devolver el mal que te han hecho, pero ¿Sabes? realmente eso no te ayudará en nada. La mejor decisión que puedes tomar, por difícil que sea, es perdonar, dejar ir el dolor y el rencor que tienes en tu corazón. Quien realmente se quita un peso de encima, no es el perdonado, sino el que tomo la decisión de perdonar.

El perdón es sanidad del alma y del corazón. Lucas 17:4 nos dice: Aún si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo. Yo no te digo que perdonar a quién que te ha hecho daño es fácil, pero si te digo que es necesario, toma hoy la decisión de perdonar. ¿Te ofrezco otra razón para perdonar? Jesús fue a morir a la cruz del calvario para ofrecernos el perdón de nuestros pecados, aunque El nunca pecó. ¿Qué mayor ejemplo que el que nos ofrece Jesús?

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