Toma lo que ya es tuyo

¿Alguna vez te has sentido que la vida no es justa y que a veces hay personas que no merecen recibir las bendiciones que tienen? Pues déjame decirte que no eres la única persona que piensa así, es más, estoy seguro que en diferentes ocasiones de la vida, nos hemos sentido así. Hay una historia en la biblia que muchos de nosotros conocemos. Trata acerca de dos hermanos, uno de ellos se rebela contra su padre y pide su herencia y decide marcharse con todo el dinero. Pero hoy yo quiero enfocarme, en el segundo hijo, del que no se habla mucho en esta historia.

Lucas 15: 28-31

El hermano mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre salió y le suplicó que entrara, pero él respondió: “Todos estos años, he trabajado para ti como un burro y nunca me negué a hacer nada de lo que me pediste. Y, en todo ese tiempo, no me diste ni un cabrito para festejar con mis amigos.  Sin embargo, cuando este hijo tuyo regresa después de haber derrochado tu dinero en prostitutas, ¡matas el ternero engordado para celebrar!”.

Su padre le dijo: “Mira, querido hijo, tú siempre has estado a mi lado y todo lo que tengo es tuyo. Teníamos que celebrar este día feliz. ¡Pues tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida! ¡Estaba perdido y ahora ha sido encontrado! 

Vemos como este joven se enojo cuando se entero que luego de su hermano haber malgastado todo el dinero de su herencia regreso y su padre no solo lo perdono, sino que hizo una fiesta en su honor.  El joven hermano, había sido fiel a su padre y se había quedado trabajando para su padre sin apartarse en ningún momento de él. Si nos ponemos en el lugar de este joven, quizás podemos decir que su reclamo hace sentido.

¿Cómo es posible que su hermano haya sido tan rebelde y se le haya perdonado tan fácil y restituido en la familia con todos los derechos que le tocaban? ¿Por qué si él nunca se había apartado de su padre no recibiera ni un cabrito para hacer una fiesta?

Pero me parece ver al padre decirle “¿por qué me estas pidiendo algo que ya tienes? Hijo, todo lo que yo tengo también te pertenece a ti, no tengo que darte permiso para tomar un cabrito y hacer una fiesta, todo lo que yo tengo es tuyo también ¡tú tienes el derecho de hacer la fiesta! Lamentablemente algunos creyentes se sienten como el hermano prodigo, a veces sienten envidia y piensan que no es justo que su “hermano” o “hermana” que acaba de regresar a los brazos de su padre estén recibiendo bendiciones que ellos piensan que no se merecen. Lo que sucede es que han estado enfocados en las bendiciones que reciben los demás y ¡no se han dado cuenta que ellos ya tienen esas bendiciones porque también son hijos!

La mayoría de los creyentes están esperando por algo que ya tienen. Nuestro padre no puede hacer otra cosa que alegrarse por los hijos que regresan a casa, y por cada hijo que regresa, es necesario hacer una fiesta, pero eso no quiere decir que olvido a los hijos que se han mantenido cerca de Él. Siempre recuerda que si eres hijo o eres hija, ya tú tienes acceso a las bendiciones de Dios, no tienes que esperar a que se te entregue en tus manos, simplemente ve a la alacena y toma lo que ya es tuyo.

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