Ponte en forma

Una de las resoluciones de año nuevo más comúnmente se escucha lo es el ponerse en forma. Hay mucha gente que cuando va finalizando un año ya van diciendo “Este nuevo año yo me pongo en shape, voy a rebajar esas libritas de más” o “Yo estoy muy flaco y quiero por lo menos tonificarme un poco”  Es por eso que todos los años en Enero las matriculas de los gimnasios suben, hasta por lo menos… finales de Enero. Ya ahí va bajando el empuje y la motivación que teníamos y así empezamos a faltar, ya no vamos 3 o 4 veces, ya solo tengo tiempo para 2 veces, y poco tiempo después encontramos la excusa indicada para dejar de asistir.

Las razones del porque dejamos de asistir varían, no tengo tiempo, se me hace difícil llegar, no estoy rebajando o sigo igual de flaco. Y bueno, después de probablemente muchos años sin hacer ejercicios nuestros cuerpos se deterioran, con la edad se va haciendo rebajar un poco más difícil, y créanme, no existen píldoras ni dietas milagrosas para rebajar ni para llenarnos de músculos. Si trasladamos este ejemplo al área espiritual, nos pasa básicamente lo mismo.

Comenzamos a asistir a la iglesia, entregamos nuestras vidas al Señor y nos ponemos súper motivados. Asistimos a todos los servicios, empezamos a conocer amigos y amigas, comenzamos a leer la biblia y a hacer un esfuerzo por orar. Pero según va pasando el tiempo nos damos cuenta que la vida cristiana no nos hace inmune a los problemas.

Las cuentas siguen llegando, el jefe en el trabajo me sigue tratando igual que antes y quizás nos trate peor, el compañero de trabajo difícil que está ahí como una piedrita en el zapato continua así todos los días y de la familia ni hablar. Entonces ya no vamos a todos los servicios, ya sólo vamos el domingo, y pues después de todo, Dios me entiende. El tiempo de leer la biblia, va en descenso y la oración más escasa que el agua en el desierto.

La  verdad es que al igual que con el ejercicio físico, el ejercicio espiritual requiere de algo que a veces no logramos dominar, se llama disciplina. Cuando recién comenzamos a hacer ejercicios en un gimnasio, no podemos levantar 200 libras para hacer ejercicios de pecho porque no tenemos la fortaleza suficiente para levantarlo. Pero según pasa el tiempo, si nos mantenemos entrenando, es posible que lo logremos.

El mismo Apóstol Pablo sabía que necesitaba ejercitarse espiritualmente con mucha disciplina, nos dice en 1 Corintios 9:27 Disciplino mi cuerpo como lo hace un atleta, lo entreno para que haga lo que debe hacer. De lo contrario, temo que, después de predicarles a otros, yo mismo quede descalificado.

Así mismo nuestro crecimiento espiritual es uno gradual, paso a paso. La palabra de Dios es la que poco a poco nos dará la fortaleza para seguir creciendo e ir tonificando nuestros músculos espirituales. Cuando empezamos a leerla, es probable que encontremos muchas cosas que no entendamos, pero no te desanimes, eso nos pasa a todos.

Pero según adquirimos la disciplina de leerla, nuestro entendimiento se va expandiendo, según nuestros músculos se expanden con el ejercicio físico, cuando te encuentres con algo que no entiendes, no hay problema, acércate a tu pastor o pastora, donde algún líder o alguna persona de confianza que sea un poco más maduro en el Señor y te pueda explicar. Poco a poco verás el crecimiento y te sentirás fortalecido y veras el cambio en tu vida y como los demás notaran la diferencia.

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