No se trata de ti…

Que mucha carga nos produce a veces el saber que estamos a cargo de algo , quizás una tarea, una responsabilidad o un puesto ya sea en el trabajo o en la iglesia. Empezamos a pensar  ¿y si me sale mal? ¿ y si no quedan satisfechos? yo no creo tener la capacidad para eso … o quizás dices todavía no, quizás en un futuro. Estas dudas e interrogantes las hemos vivido todos en algún momento de nuestras vidas. Y sin lugar a dudas, la vida esta llena de retos que debemos enfrentar.

Por el otro lado, hay personas que piensan que el mundo gira alrededor de ellos. Creen tener la capacidad de lograrlo todo en la vida basados sólo en su talento y sus capacidades. Continuamente siguen añadiendo cargas a sus agendas de trabajo, compromisos profesionales, personales, en la iglesia y por último sus familias. Llega el momento en que empiezan a descuidar su salud, áreas de su trabajo, compromisos, la iglesia y también familiares. Es ahí cuando llega el peligro, nos debilitamos física y espiritualmente y esa es la puerta que el enemigo utiliza para atacarnos.

Pero la verdad es que ninguno de los dos extremos es saludable. Ni lo que hacemos, ni lo que somos se trata de nosotros, se trata de Dios. No podemos enfocarnos en nuestra falta de capacidad o en creer que somos capaces de todo. Les ofrezco dos ejemplos, el primero es uno muy conocido, Sansón. En Jueces 13 vemos que este hombre fue escogido por el mismo Dios desde antes de nacer con la promesa de salvar a Israel de su más feroz enemigo, los filisteos. Más adelante vemos que dice, que el niño creció y Dios lo bendijo. Sansón sabía que Dios estaba con él y comenzó a coquetear con el pecado confiándose en las habilidades y el poder que Dios le había dado.

Sus propios padres le advirtieron los errores que estaba cometiendo, pero él no quiso escuchar. El fin de la historia, la mayoría lo conocemos, Sansón siguió pecando y el espíritu del Señor se apartó de él, cayendo en manos de sus enemigos y siendo objeto de burlas. Sansón clamó a Dios arrepentido y El lo escuchó, lo perdonó y su espíritu volvió a Sansón, pero este tuvo una muerte prematura, nunca cumpliendo con el potencial y la misión que Dios le entregó.

El segundo ejemplo lo fue Gedeón. Nuestro amigo Gedeón  era un hombre común y corriente, como tú y como yo. En Jueces 6 vemos que era un hombre quejoso y con falta de autoestima. Cuando el ángel se le apareció para decirle que había sido escogido por Dios para liberar a su pueblo de los madianitas lo primero que se le ocurrió fue cuestionarlo ¿por que les estaba pasando eso? segundo le dijo ¿enviado? ¿Yo? ¿por que? si yo soy de los pobres el más pobre. El Señor le reafirmó que estaría con él, y aún así le pidió 2 confirmaciones más. La historia en esta ocasión tiene un final feliz, Gedeón venció a su enemigo que tenía un ejercito de más de 120 mil soldados con sólo 300 hombres de su lado, la diferencia, Dios estuvo con él.

El punto final que quiero dejar en tu mente es que lo que Dios te envió a hacer ya sea en tu iglesia, trabajo, familia u otros, no depende ni de ti ni de tus capacidades, depende única y exclusivamente de Dios. ¿ No te quita eso un gran peso de sobre tus hombros? a mi si.

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2 comments
Felix Sanes
Felix Sanes

Solo resta alabar y bendecir Su precioso nombre. Su Palabra es puro PODER!

Inside Focus
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Gracias Félix por sacar de tu tiempo para leer mi blog, te lo agradezco mucho.

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