Observaciones en un hospital

Estos últimos par de días que he tenido que visitar el hospital me he podido dar cuenta de la mucha necesidad que hay aquí en nuestra propia isla de Puerto Rico. A veces pensamos que aquí no hay necesidad, que tenemos que irnos fuera de la isla para ver gente en necesidad y eso esta muy lejos de la realidad que he podido ver. Ver tanta gente en la sala de emergencias con sus diferentes condiciones y dolores, unos gritando, otros severamente sedados, muchos de ellos solos y sin nadie que los visite en todo el día.

Pude notar que la mayoría de los doctores y enfermeras están tan acostumbrados a ver gente enferma, adolorida y en necesidad que han perdido la sensibilidad,  les da lo mismo si el paciente se siente bien o mal, si tiene lo que necesita o no lo tiene, ver que se les llama, pero prácticamente se niegan a ayudarte, es una verdadera pena, por que se supone que ellos están allí para ayudar, que están allí para curar al enfermo, para vendar al que está herido y a calmar el dolor del que así lo necesite.

Pero saben, puedo decir gracias a Dios que no todos son así, me encontré con unas excelentes enfermeras y enfermeros que nos atendieron con una sonrisa y fueron más allá de lo que les tocaba hacer, una Doctora que cada vez que se le llamo vino a ayudarnos, que nos despejo todas las dudas que teníamos, estos últimos son los que verdaderamente representan dignamente la esencia de lo que debe ser un profesional de la salud.

Analizando esto me doy cuenta que nosotros como creyentes nos puede pasar lo mismo. Iglesia recuerda que nuestra labor como representantes de Jesús es darle la bienvenida al que llega a donde nosotros sin importar en que condición viene, debemos recibirlos con nuestra mejor sonrisa y con nuestro mejor trato.

Al igual que el profesional de la salud, nuestra labor es curar al que ha sido herido por la vida, por las situaciones que se nos presentan en nuestro diario vivir. Tenemos en nuestras manos el privilegio de poder ayudar al que esta enfermo física y espiritualmente, nosotros conocemos al médico por excelencia, el que tiene la autoridad de curar cualquier enfermedad.

Por último, tenemos el privilegio de poder ayudar al que está necesitado, el poder ofrecer aunque sea un poco de lo que tenemos, de lo que el mismo Dios nos ha regalado, créanme que el ayudar al que lo necesita provee una satisfacción en el corazón que no tiene descripción .

Isaías 58 6-7 (NTV): pongan en libertad a los que están encarcelados injustamente; alivien la carga de los que trabajan para ustedes.  Dejen en libertad a los oprimidos y suelten las cadenas que atan a la gente.7 Compartan su comida con los hambrientos y den refugio a los que no tienen hogar; denles ropa a quienes la necesiten y no se escondan de parientes que precisen su ayuda.

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